jueves, 1 de enero de 2015

La Fe

Fuente de Vida, que compartida desde el amor a Dios es Fruto de crecimiento en la Fe y de conversión para aquellos que aún no Le conocen, o que han visto la periferia y no han adentrado.

 
El Don de la Fe es una deuda con Dios permanente para con los demás. No se pueden guardar los talentos que Dios nos ha concedido para el crecimiento nuestro y para acercamiento de los demás.

 
Dios nos pide conquistar corazones, convertir situaciones, adentrarse en otros mares, lo que se necesite el Espíritu Santo lo alienta, esa es la promesa:

 
Jn 14, 26: El Valedor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que [yo] os dije.

 
Referencias:

Catecismo de la Iglesia Católica pinche aquí
 
166 La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.

sábado, 25 de enero de 2014

Seducido




El otro día estuve en una Parroquia muy pequeñita… 50 metros cuadrados… que maravilla… los asientos… sillas plegables… al principio me llamo la atención… pero finalmente me resulto seductor. Todo era sencillo, muy sencillo… y grande solo había lo principal… Dios.
Me llamo la atención por lo distinto, simplemente… y es que Dios se manifiesta de esta manera… sencillo, claro, directo… humilde. Todas las Misas son grandes, pero esta me supo distinta… me sentí seducido.
Referencias:
Catecismo de la Iglesia Católica pinche aquí
2742Orad constantemente” (1 Ts 5, 17), “dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo” (Ef 5, 20), “siempre en oración y suplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos” (Ef 6, 18).“No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar” (Evagrio Pontico, Capita practica ad Anatolium, 49). Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes: