domingo, 5 de julio de 2015

Si miras con el corazón... verás a Dios

Hay ocasiones en que el Alma a través de la vista separa lo superfluo de lo esencial. Entoces ya no son los ojos los que miran, los que observan, sino que es el corazón el que orienta a la persona. Y en ese mirar; en ese sentir, Dios actua.

En este vídeo, si miras con el corazón... verás a Dios:

https://player.vimeo.com/video/41225777?badge=0

Referencias:

Catecismo de la Iglesia Católica pinche aquí

280 La creación es el fundamento de "todos los designios salvíficos de Dios", "el comienzo de la historia de la salvación" (DCG 51), que culmina en Cristo. Inversamente, el Misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el Misterio de la creación; revela el fin en vista del cual, "al principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1): desde el principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo (cf. Rm 8,18-23).

lunes, 2 de febrero de 2015

Pilar Soto, otra presentadora Católica

Pilar Soto, una cara conocida de la televisión como presentadora de programas de entretenimiento ha ingresado como Seglar Franciscana.
 
Independientemente de las circustancias, ha visto como su vida actual no llenaba su existencia, por lo que no le daba sentido. Y vivir sin sentido no es objeto de la vida.
 
Me alegra que otra persona haya descubierto en Cristo la alegría del Evangelio. Que es fuente de Luz, sanadora en este caso, y donación de Vida para quien a partir de ahora comparta con ella esta alegría:
 
 
http://www.elmundo.es/loc/2015/01/29/54c91583ca4741a0248b4573.html

Referencias:

Catecismo de la Iglesia Católica pinche aquí

1848 Como afirma san Pablo, “donde abundó el pecado, [...] sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20). Pero para hacer su obra, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos “la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor” (Rm 5, 20-21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su Palabra y su Espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado:
 
«La conversión exige el reconocimiento del pecado, supone el juicio interior de la propia conciencia, y éste, puesto que es la comprobación de la acción del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la dádiva de la gracia y del amor: “Recibid el Espíritu Santo”. Así, pues, en este “convencer en lo referente al pecado” descubrimos una «doble dádiva»: el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención. El Espíritu de la verdad es el Paráclito» (DeV 31).
 
Periódico de tirada Nacional El mundo pinche aquí