
Hoy celebramos la adoración de los Magos de Oriente a nuestro Señor:
Del Libro de San Mateo Capitulo 2,
01 Jesús nació en Belén de Judea, [...] unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén 02 preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Vimos su estrella en el oriente y venimos a rendirle homenaje." [...] 11 Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María, y echándose por tierra le rindieron homenaje.
Y que los pastores anuncian la buena nueva:
Del Libro de San Lucas Capitulo 2,
10 pero el Angel les dijo (a los pastores): "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: 11 Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor". [...] 20 Y los pastores regresaron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
El Niño-Dios desde el pesebre nos pide que seamos pastores anunciando la buena nueva, y que le adoremos como los Reyes manifestando amor y servicio. Esta oración de San Francisco de Asis nos puede ayudar:
Señor,
hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde hay error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh, Señor, que no me empeñe tanto
en ser consolado como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe, olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida .
Amén.
Referencias:
Catecismo de la Iglesia Católica pinche aquí
2628 La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho (cf Sal 95, 1-6) y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el "Rey de la gloria" (Sal 14, 9-10) y el silencio respetuoso en presencia de Dios "siempre [...] mayor" (San Agustín, Enarratio in Psalmum 62, 16). La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas.