
Terrorismo de estado es lo que se produjo en El Salvador un 16 de Noviembre 1989 al asesinar a sangre fría a Ignacio Ellacuría y compañeros MÁRTIRES. Solo los cobardes que no pueden sostener sus ideas con argumentos recurren al vil recurso de asesinar en inferioridad de condiciones al que sabes que no se puede / no quiere defenderse.
Los ASESINADOS por este terrorismo de estado fueron:
- Ignacio Martín Baró
- Segundo Montes
- Amando López
- Juan Ramón Moreno Pardo
- Joaquín López y López
- e Ignacio Ellacuría.
Los "valientes" terroristas también mataron a personal del servicio doméstico:
- Elba Julia Ramos
- y Celina (hija de Elba)
Estos fueron los ocho Cristos muertos, seis por defender la libertad de un conjunto de ciudadanos que conforman un pais, por defender la dignidad de hombres, mujeres, niños y niñas inocentes que sufren la INJUSTUCIA. Y dos... consecuencia de los desalmados "hombres" que juran por su "honor" defender un pais de los ataques internos o externos. Miren ustedes, las manchas que llevan en sus manos no son invisibles a la conciencia. Y lo que toquen seguirá quedando manchado porque la acción ha quedado grabada, el tiempo se ha detenido, ese día es ayer, hoy y mañana un presente en sus conciencias.
Aún hoy, estos "valientes" siguen en su pais. Callando vergonzosamente lo que bien saben que un día no podrán ocultar más. Hoy, un documento ha visto la luz, el ACTA QUE RECOGE LA ORDEN DE ASESINAR... y ha iluminado sus manos manchadas. Hoy, ve todo el mundo que esas manos no estan limpias:
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/21/espana/1258830475.html
Y al ver el documento, ... más que Justicia, denota verguenza.
Referencias:
Catecismo de la Iglesia Católica pinche aquí
2473 El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. ‘Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios’ (S. Ignacio de Antioquía, Rom 4, 1).

